feliz navidad
Los pasos de un hombre de inacción en busca de su siempre esquivo punto de partida. Las piernas deambulando por las calles de la desidia y la indiferencia, de la facilidad y la inercia, vías hediondas de la chapuza en la que sucumbe el ser humano. Vale más una boca que una existencia, halaga la palabra que ensombrece el sentimiento, repudia a la verdad escondida, aversión a la verdadera derrota. Ignorar la grandeza del momento, lo sublime del instante infinito, la inmensidad de la sensación efímera, ser cómplices de la hoguera de la vida es la opción de esos cuerpos que no hacen más que moverse, no querer detenerse, evadirse en el artificio de esa vida cotidiana que no pasa de burda comedia sin arte ni gracia, artificio en el camino de la inmoralidad que nos une. Caucho y asfalto dan paso a hormigón y pantallas, platos compartidos y lecho conyugal, cuna de las más atroces contradicciones. Y algo es lo que a pesar del devenir de los días se mantiene impasible, la bruma en el cerebro, la finta de la conciencia, la pasividad de la acción mentirosa, inmunidad de almas drogadas de pan y circo.
